Según se lee en algún antiguo libro la primera forma fue el círculo. Lo trazaron en tierras diversas con puntas pero también con las manos. Queriendo replicar las cavidades de las que procedemos. Otra forma inquietante para la humanidad fue la punta, la espina y luego la curva. Con esas tres formas se acuñaron aceros, obsidianas. Se curtieron pieles y los orfebres construyeron lenguajes. Alguien sigue edificando estructuras, replicando esas formas, intentando que su lengua que es una mezcla de todo lo visto perviva.
Bromx (Oaxaca, 1993) dialoga con lo que ve en un mundo abollado por las batallas, es como si cada calle recorrida habitara los objetos que integran esta reunión de objetos mitológicos. Al mirar su trabajo recordamos la cueva, la caverna de la que nacen nuestras sombras, la parte velada de la existencia humana: lo salvaje y primordial. Las formas se revelan
LIüisa González

